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Apuntes sobre Cornelio Adrián César, impresor holandés en México, 1597-1633

Vi un ejemplar en venta de la primera edición de Libros y libreros en el siglo XVI, compilado por Francisco Fernández del Castillo (AGN, México, 1914) una sola vez, y no pude pagar el precio. Mi ejemplar de este volumen indispensable es la reedición de 1982 (FCE, AGN, México); el libro no fue compuesto de nuevo, sino que se fotografiaron las páginas tipográficas originales y se imprimió en oƒset. He visto hace poco que se ha hecho una tercera edición, que se honra en identificarse como un “facsímil”.

El diseño tipográfico es institucional, veloz y no muy claro: los textos son variados y complejos, de distintos tamaños, y la composición refleja la de los volúmenes originales del AGN que comienzan y van y van, a veces en orden cronológico, a veces en orden temático, a veces en desorden. Los legajos legales no se armaron pensando en los futuros lectores, sino en su almacenamiento. Es hora de que alguien se ponga a hacer otra versión, corregir la que existe y añadir los documentos que se han encontrado en los 98 años minuciosos que ha experimentado el AGN desde aquella primera. El diseño debiera de ser dinámico e informado. (Y con suerte se hará un segundo volumen, dedicado a los libros y libreros en el siglo XVII, un tercero a los del siglo XVIII y un cuarto a los del siglo XIX.)

Durante la Segunda Reunión del proyecto Primeros Libros, en la Biblioteca Francisco de Burgoa, Oaxaca, el 19 y 20 de septiembre de 2012, Ken Ward de la John Carter Brown Library nos instruyó sobre uno de los problemas del libro. En el embrolio entre Pedro Ocharte y el Santo Oficio, de acuerdo al orden de documentos, tanto en el libro, como en el volumen original en el AGN, los documentos aparecen fuera de orden cronológico y tal como aparecen ha hecho pensar desde siempre que el ojo del Santo Oficio estaba puesto en Ocharte, y con el grabador Juan Ortiz en segundo plano. Resulta que fue al revés: el interés principal era el oficial, y el patrón entró a consideración en una etapa tardía; su situación se complicó por otras razones. Los pliegos del proceso de Ocharte aparecen primero, precisamente porque se efectuó después. Una nueva edición debiera de atender esta anomalía y rectificar la cronología.

Además, se debieran de cotejar todas las entradas.

Descubrí un error menor pero espectacular mientras hacía el libro Cornelio Adrián César (1992). Armaba en letra de molde la escritura de compañía del 1 de septiembre de 1597 entre César y un minero holandés, conocido como Guillermo Enríquez, “para hazer, fundar y poner en esta ciudad enprenta de todo genero de libros de latin y rromanze.” (Componía el texto directamente de las fotocopias del original, sin el libro al lado.) Enríquez puso quinientos pesos de oro común y se obligó “de los enviar por su quenta y Riesgo a los rreinos de castilla…para que con ellos se conprasen las cosas nezesarias y demas materiales tocantes y perteneçientes a la dicha enprenta.” Y luego dice: “…El dicho guillermo enrriquez no ynbio los dichos quinientos pesos a los dichos rreinos de castilla a mi ruego y persuacçion antes El y yo dimos horden quen esta çiudad de mexico e nueua españa se hiziessen y conprasen todas las cosas que para auiar la dicha enprenta fueran nezesarias…”

Inmediatamente pensé que algo no concordaba con mi lectura del libro y busqué. Al pie de la página 527 se lee: “…y el dicho Guillermo Enríquez envió los dichos quinientos pesos a los dichos reinos de Castilla a mi ruego y persuasión…” ¡Caray! Es algo muy distinto no enviar que enviar: —o la imprenta era como todas las demás en México: traída de Europa, o era una imprenta hecha en México. Todos los bibliógrafos que en el siglo XX leyeron estos documentos sobre Cornelio Adrián César en las páginas de este compendio y no pensaban más que lo normal: la imprenta se había comprado en Holanda o en España. Hasta Alexandre A. M. Stols, en su artículo fundamental sobre César (Boletín de la Biblioteca Nacional, México, septiembre de 1957), esquiva el asunto. De buenas a primeras una situación que no llamaba mucho la atención, se volvió central.

El contexto hace entender que la imprenta se estaba formando y armando en la casa y taller de Adrián Suster, ebanista flamenco, donde además César y sus dos compañeros vivían, y donde Enrico Martínez trabajaba en un banco de cerrajero en tallar los punzones para sus primeras fuentes de letra. Es decir: era la primera imprenta construída en el Nuevo Mundo. No las primeras letras hechas en la Nueva España, porque Antonio de Espinosa y Juan Ortiz las habían hecho y fundido desde medio siglo atrás); pero sí se trataba de la primera prensa. Dice el inventario: “yten vna enprenta de madera por acabar para ynpremir con dos caxones como de a vara y media con muchos caxonçitos y en ellos algunas letras de plomo e vnas tixeras de sastre e otros pedaços de madera de la dicha ynprenta.”

En las historias de Cornelio Adrián César, de Enrico Martínez, de Juan Ruiz y otros más adelante, se volverán a encontrar —probablemente— esta “enprenta” y también los “caxonçitos” con “algunas letras de plomo”.

César apenas figura entre los impresores novohispanos del siglo XVI, el límite para el proyecto Primero Libros; “apenas” pero sí está, y ni siquera con un libro que lleve su firma (aunque hay un par que llevan otros nombres en sus pies de imprenta, pero que son “prestanombres”, y a todas luces fueron impresos por él). Lo único que se conoce es un calendario franciscano, un pliego entero, impreso en el convento franciscano de Santiago Tlatelolco en 1597, con pie de imprenta: “Ex O¢cina Vidue Petri Ocharte. Apud Cornelium Adrianum Cesar”. Los doctos traducen ese “Apud” como: “financiado por” y como el término lo usó mucho, corre la idea de que César era un financiador de ediciones, así como lo era Pedro Ocharte. Pero se vuelve evidente, con una mirada atenta, que él no contaba con dinero para ser un inversionista, sino que era un oficial de imprenta, el único operario en ese tiempo en México que sabía imprimir (los medios hermanos Ocharte, al igual que su padre, pensaban en dirigir su taller, pero sólo el empobrecimiento de la familia hizo que Melchor, finalmente, al parecer, aprendiera). Únicamente Cornelio Adrián César había cursado un aprendizaje en forma. Entonces él usa la palabra “apud” para significar: “por”. Probablemente sea un uso incorrecto, pero es lo que para él significaba.

Cornelio Adrián César en la Nueva España Entre Septiembre de 1596 y Septiembre de 1597 Cuando Dejó de Trabajar Como Empleado de Maria de Sansores, la Viuda de Pedro Ocharte

Juan Pascoe
Taller Martín Pescador
Michoacán, México

Cuatro siglos después, se traduce el libro “Opera Medicinalia”

Una rareza bibliográfica de la temprana imprenta americana es sin duda el libro Opera Medicinalia (Obras de Medicina) del médico sevillano Francisco Bravo, que contiene 4 estudios reunidos en un solo volumen. Se trata de un pequeño y grueso libro con 311 folios (622 páginas), editado en formato octavo (16 por 11 cm.), impreso en la ciudad de México en el año de 1570 por el impresor francés Pedro Ocharte (de nombre castellanizado), el tercero en desarrollar su arte en el Nuevo Mundo. Esta obra se encuentra en el fondo restringido de la Biblioteca Histórica José María Lafragua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México y en la colección digital del proyecto Los Primeros Libros de las Américas, a texto completo y con acceso gratuito.

Estos estudios corresponden a detallados trabajos de investigación teórica en consonancia con los conocimientos más avanzados de su época. En el reverso de la portada de este libro está impreso el contenido de la obra:Opera Medicinalia

  • El primer libro contiene la doctrina universal de la cruel enfermedad llamada por el vulgo tabardete, que aflige al pueblo entero y de este país de México; en el cual se expresan su naturaleza, causas, características y síntomas, y para estos se proponga el debido remedio.
  • El segundo libro contiene un diálogo sobre la flebotomía en la neuritis y en todas las demás inflamaciones del cuerpo, en el que se expresan las opiniones de médicos españoles que se han olvidado, y se expone la verdadera doctrina de Galeno y otros griegos, y se expresan muchas cosas para la curación de la pleuresía.
  • En el tercer libro se expone la doctrina universal de los días decretorios, según el pensamiento de Hipócrates y Galeno, y es mostrada la idea de alguna de sus causas nuevas y muy ciertas, hasta hoy por nadie tratadas.
  • En el último y cuarto libro, se dispone un breve estudio sobre la pequeña raíz que el vulgo llama zarzaparrilla, su complexión natural y efectos particulares, y a qué enfermedades propiamente les pone fin. (El texto mostrado es parte de la traducción del Dr. José Gaspar Rodolfo Cortés Riveroll y las negritas son
    del autor de esta reseña). [Nota: La cita bibliográfica y el texto completo en PDF de estas obras se encuentran al final de este escrito].

Como se puede advertir, los estudios que contiene este libro son trabajos un tanto ajenos a las necesidades existentes en el México del siglo XVI que, dada su gran extensión geográfica y consecuentemente el gran aislamiento de sus poblaciones, antes que proposiciones doctrinales, requería de libros de conocimientos médicos de carácter práctico: identificación de enfermedades, diagnósticos simples, remedios al alcance de cualquiera y procedimientos quirúrgicos sencillos todos los cuales pudieran subvenir a las necesidades urgentes de la población.

Pues bien, por más de cuatro siglos este libro no se había traducido completamente. Algunos bibliófilos del siglo XIX, época en la que fue identificada esta obra, realizaron un examen somero acerca de algunos de sus textos, pero nadie había intentado una traducción integra, necesaria para conocer este aspecto singular de la medicina europea, representada por el doctor Bravo, vecino circunstancial de la ciudad de México.

El doctor Rodolfo Cortés Riveroll, médico e historiador profesional, profesor de la Facultad de Medicina de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, se ha avocado a la ingente tarea de traducir del latín estos cuatro estudios del Opera Medicinalia y en este caso nos ofrece la traducción del cuarto estudio de la obra de Bravo que se llama Observaciones sobre la raicilla, que en lengua indígena llaman zarzaparrilla , la cual se suma a la traducción realizada, por el mismo doctor Cortés Riveroll, del primer estudio.

Hay que destacar que no se trata de una traducción literal, apegada a los cánones que exige la lingüística clásica, sino que esta está realizada ponderando los conocimientos médicos de la época, lo cual -a mi modo de ver- corresponde a tratar de determinar el manejo de la lengua latina que muestra el doctor Francisco Bravo en el texto y a la intención evidente de este hombre de mostrar públicamente sus profundos conocimientos en el tema; de esta manera el traductor aporta información relevante acerca del estado de la ciencia médica en la segunda mitad del siglo XVI —a través de la propia mirada de Bravo — y se acerca a la intención de este autor de dar a conocer sus aportaciones en estos estudios.

La pertinencia de reseñar la traducción de esta Opera Medicinalia, obra señera de la medicina, en este espacio electrónico, es que las copias digitales completas del libro original, forman parte del proyecto internacional Los Primeros Libros de las Américas, como ya anticipamos. Pero no sólo es dar cuenta de este hecho, sino de destacar que esta acción está vinculada al objetivo principal del proyecto que es la valoración social de estos viejos libros al alcance de cualquiera, hacer saber que son fuentes testimoniales de diversas disciplinas y brindar a los especialistas que los necesiten estudiar por primera vez reunidos en una colección digital —con ayuda de la tecnología—, a texto completo y en un lugar de acceso gratuito.

Sabemos que el doctor Rodolfo Cortés Riveroll continúa con su labor de traducción de estos textos médicos y probablemente, en un mediano plazo, contaremos con la traducción de la obra completa después de más de cuatro siglos de estar en la sombra.

Manuel de Santiago
Puebla, México
Enero 2012

Cita bibliográfica y texto completo de las obras:

BRAVO, Francisco, ( c. a. 1525- 1595) Observaciones sobre la raicilla, que en lengua indígena llaman zarzaparrilla/ Francisco Bravo Puebla; estudio preliminar, traducción al castellano y notas de José Gaspar Rodolfo Cortés Riveroll; paleografía y biografías de Rodolfo Cortés Madrazo. Puebla, México: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Facultad de Medicina, 2011, 175 p., ISBN 978-607-487-326-9 [Consultar texto completo de esta obra en formato PDF]

BRAVO, Francisco, (c. a. 1525- 1595) Sobre la venosección en la pleuritis y en general de otras inflamaciones del cuerpo/ Francisco Bravo Puebla; estudio preliminar, traducción al castellano y notas de José Gaspar Rodolfo Cortés Riveroll. Puebla, México: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Facultad de Medicina, Dirección de Fomento Editorial, 2008, 206 p., ISBN 978-968-9391-408 [Consultar texto completo de esta obra en formato PDF]